Villabote

Todos conocéis Villabote, quizá con otro nombre. Siempre luce el sol y sólo tiene una esquina. Si la tuerces abandonas el lugar; por el otro lado nadie aún me ha dicho que se acabe y yo no lo he visto.
Los paisanos que allí viven son conocidos por el gentilicio de embotados según me contase uno de los personajes atípicos capaces de entrar y salir del lugar a su libre albedrío. Digo atípicos, pues nadie osaría dejar Villabote de motu proprio a no ser por el agotamiento que provocan los desaforados amores y desamores que allá se viven. Y ésto es así, porque el tiempo en aquel paraje despista dejando de importar, y crees a pies juntillas que todo es lo que parece, y parece que todo lo que acontece, lo hace a la medida de nuestros más profundos deseos. Nadie abandona ésto a no ser por cansancio, o por atipicidad.
El que yo conozco tiene el DNI oooooooooo1 y visita la región siempre que la vida ordinaria no le importa, como a todo embotado que se precie. En realidad, siempre me pregunto si marcha a Villabote porque nada le importa, o porque le importa tanto que ya no lo soporta. Pero en fin, repito, estos seres son atípicos.
Villabote no es la Ínsula Barataria, Villabote es real, es el lugar al que quedamos relegados cuando conoces a alguien que te devora el alma (y perdón por el dramatismo pero es tal cual), es el lugar donde la racionalidad se corrompe, dónde la risa nace, donde la realidad se dobla y los imposibles pierden su primera sílaba; donde te quedas con cara de pánfilo admirando la extraordinaria belleza de una alcayata. Villabote es la región misteriosa donde viven los seres de carne y hueso creados por nuestra imaginación. Es un mejunje de desvaríos, besos, parabienes y humo. Son los comienzos, los inicios, el amor consentido no desgastado por la cotidianidad.
Yo hoy estoy en Villabote (desde qué otro lugar se podría reconocer que se está allí), quizá a punto de doblar su esquina. No les extrañe que lo diga de un modo consciente, también yo soy atípica, y he descubierto el secreto de Villabote... no es otro que su esquina; todo se mitiga cuando te alejas de ella. Hacia un costado la intensidad se esfuma, hacia el otro queda, pero desgastada y descolorida. Sin embargo no he mirado hacia arriba. Quizá Villabote finalmente posea una tercera dimensión.
Cinco años después…
Embotado DNI oooooooooo1 salió de Villabote en el momento en que Embotada DNI oooooooooo2 miraba hacia arriba y descubría la tercera dimensión; al estar con los ojos vueltos al cielo, lógicamente, no advirtió que él marchaba. Cuando bajó de las alturas y sólo encontró soledad y caras irreconocibles de embotados que no la miraban, meditó un momento sobre la gravedad de su cansancio y no lo encontró mortal. Embotada DNI oooooooooo2 decide quedarse en Villabote y encontrar a su Embotado. Gira hacia el final no conocido de la esquina y comienza a caminar.
Y caminando, pronto olvidaría su anterior enamoramiento (ya se sabe que en Villabote el tiempo despista). Tras diez pasos conocería a Embotado 1oooooooooo, el primero que la miró de nuevo, y empezaría así la verdadera historia que nos permitirá conocer este maravilloso lugar.
La Tercera Dimensión consistía en un edificio de X plantas a las que se accede por una puerta que se encuentra al final del lado que nunca termina (¡que en realidad sí termina!). Los nuevos amantes entran y ascienden al primer piso. Aquí permanecerán, entre risas cómplices, sexo apasionado, y viajes por las innumerables habitaciones de la planta, como un año. Es lo que se hace en la primera planta, reír, follar y hacer viajes de corto recorrido. Todas las demás parejas de embotados que allí se encuentran hacen esto, sin excepción, los que dejan de hacerlo, salen de la planta. La vida allí es casi como si aún estuvieras plantado en la popular esquina de Villabote con la diferencia de que ya te has metido dentro de algún sitio.
Cierro el libro y miro al frente, al estante donde coloqué esta mañana la fotografía que nos hicimos en la habitación octava de la primera planta. Qué nuevos parecemos, sonrientes y a estrenar, sin prisa. Fue poco después de esa imagen cuando comenzamos a subir plantas, creo que porque dejamos de follar entre semana. Y empezamos a ir al cine y a cenar los sábados, y otro sábado, y otro sábado… y alcanzamos la tercera planta, donde ya se decían en voz alta los reproches y decides dejar de alternar con sus amigos, y ya no os tomáis una copa juntos si no es en casa, resguardados de la seducción, del desvelo y de los animales noctámbulos. Nos mudamos a una casa más grande, en la cuarta planta, a la que siempre le faltaría el perro. Y ahora, recién llegada a la quinta planta, ya veo la boda y los hijos, entre besos de extraños que saben a gloria, y, lo siento, buscando desesperadamente la escalera de emergencia.
Embotada DNI oooooooooo2 arroja el libro al suelo dedicándole una última mirada de pesar mientras abre la ventana y alcanza la escalera de emergencia. Sólo hay una en Villabote, y te saca directamente del lugar. Se sabe porque es una leyenda que circula por todas las plantas, pero nadie conoce a nadie que la haya usado. Mientras sus zapatos resuenan rítmicamente sobre el metal, los ojos se detienen segundos sobre las ventanas abiertas de Villabote. Está bajando por la cara opuesta a la que subió, entiende en ese momento que una vez llegado a la quinta, comienzas a bajar, porque la gente tiene canas y se mueven con menos premura, y jamás ella se había cruzado con un embotado que no pareciese joven o tuviera ganas de serlo. Embotados de ojos ardientes gritándose crueldades, embotados leyendo cuentos a mini-embotados, embotados colgando cuadros o frente al ordenador gruñendo ante obligaciones impuestas. Una embotada que se tira por su ventana, una pareja amorosa despidiendo a un adulto que se marcha de Villabote, un embotado arrodillado sobre su embotada muerta, unos abuelos embotados, abrazados, amorosos y durmientes, sobre su mullido colchón…
La fuente mana agua gélida y cristalina, los coches se aceleran para alcanzar unos metros más, las personas caminan con la vista fija en sus zapatos, y Elisa, mirando el escaparate, tiene frío, un frío que nunca sintió en Villabote. Embotado DNI oooooooooo1, que aquí se llama Alberto, toca su espalda sorprendido de que después de tanto tiempo, sea realmente ella.


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