EL SPLEEN DE BAUDELAIRE y el nuestro
Tedio ante la vida, dolor existencial, melancolía sin causa definida o angustia vital; la Real Academia Española nos lo llama “esplín”, término bien castellano con su tilde y todo. Fueron los griegos (para variar) los que acuñaron la expresión, asociándola al bazo, generador de bilis negra, que se extendía por el cuerpo provocando melancolía. En el siglo XIX las mujeres de mal humor se decían afectadas por el spleen.
Conocí el término como título de varios poemas de Baudelaire en “Las flores del mal”. Dos o tres poemas de temática aparentemente distinta pero con denominador común; la desesperación, la ira, el grito quebrado de socorro. “Tengo más recuerdos que si tuviese mil años…” escribe Baudelaire, el poeta maldito, que tan excepcionalmente honra su apodo, y que poema tras poema nos desgrana su spleen. ¿Qué carajo será spleen? Me preguntaba, suena efímero y algo cursi, pero debe ser palabra grandilocuente e importante, si este tipo con ello comienza… “El cielo bajo y cargado (…) nos vierte un día negro más triste que las noches (…)”. Al igual que Nietzsche, rota el alma sólo queda el quejido brutal del reproche, la petición de misericordia enmascarada por el odio del infinito orgullo.
Y lo era, el término era importante. Lo era porque los griegos, Baudelaire y cualquiera que haya pronunciado o escrito esta palabra a lo largo de la historia, estaba nombrando, poniéndole letras, materializando, esa sensación desterrada de la vida pública y cotidiana, que a menudo, inexplicablemente, nos apaga la mirada y nos roba las ganas de vivir. Y yo no sabía cómo se llamaba, ni siquiera sabía que la hubiesen llamado, desconocía que alguien hubiera sentido antes que yo, como yo, esta molicie desdeñosa sin motivo aparente… aunque presentía que tenía que ser así. Y aunque saberlo, y este es el quid de la cuestión, no sea consuelo suficiente para recuperar la ilusión, al menos se percibe una hermandad que no aísla, si no que incluye.
No pido que en el café de oficina se promueva el debate sobre cada uno de nuestro “esplines”, pero por favor, no somos raros por tener tristeza en los días de sol, no somos raros por ello.
Y esto es lo de siempre, lo que llevo escribiendo desde que escribo y desde que no lo hago; si los humanos fuésemos más sinceros los unos con los otros, menos hipócritas y moralmente raquíticos, la felicidad nos visitaría con mayor asiduidad o al menos, el spleen desaparecería de nuestro vocabulario para vivir ya sólo en diccionarios y en poemas de románticos malditos.
Conocí el término como título de varios poemas de Baudelaire en “Las flores del mal”. Dos o tres poemas de temática aparentemente distinta pero con denominador común; la desesperación, la ira, el grito quebrado de socorro. “Tengo más recuerdos que si tuviese mil años…” escribe Baudelaire, el poeta maldito, que tan excepcionalmente honra su apodo, y que poema tras poema nos desgrana su spleen. ¿Qué carajo será spleen? Me preguntaba, suena efímero y algo cursi, pero debe ser palabra grandilocuente e importante, si este tipo con ello comienza… “El cielo bajo y cargado (…) nos vierte un día negro más triste que las noches (…)”. Al igual que Nietzsche, rota el alma sólo queda el quejido brutal del reproche, la petición de misericordia enmascarada por el odio del infinito orgullo.
Y lo era, el término era importante. Lo era porque los griegos, Baudelaire y cualquiera que haya pronunciado o escrito esta palabra a lo largo de la historia, estaba nombrando, poniéndole letras, materializando, esa sensación desterrada de la vida pública y cotidiana, que a menudo, inexplicablemente, nos apaga la mirada y nos roba las ganas de vivir. Y yo no sabía cómo se llamaba, ni siquiera sabía que la hubiesen llamado, desconocía que alguien hubiera sentido antes que yo, como yo, esta molicie desdeñosa sin motivo aparente… aunque presentía que tenía que ser así. Y aunque saberlo, y este es el quid de la cuestión, no sea consuelo suficiente para recuperar la ilusión, al menos se percibe una hermandad que no aísla, si no que incluye.
No pido que en el café de oficina se promueva el debate sobre cada uno de nuestro “esplines”, pero por favor, no somos raros por tener tristeza en los días de sol, no somos raros por ello.
Y esto es lo de siempre, lo que llevo escribiendo desde que escribo y desde que no lo hago; si los humanos fuésemos más sinceros los unos con los otros, menos hipócritas y moralmente raquíticos, la felicidad nos visitaría con mayor asiduidad o al menos, el spleen desaparecería de nuestro vocabulario para vivir ya sólo en diccionarios y en poemas de románticos malditos.


5 Comments:
Esa sensacion normalmente la traen los recuerdos, recuerdos de lo vivido, de lo sentido, trayendolo del pasado, tanto de lo bueno como de lo malo.
No puedo tener melancolia de un "te quiero", que no dije en su momento, ni del abrazo que deje de dar porque tenia prisa, creo que ni siquiera pena por no hacerlo ya que no sabes lo que hubiera pasado al hacerlo...
bueno, quizá tú no hayas padecido nunca de spleen...
Esther. Aunque el mundo fuese perfecto habría "spleenes". Es mas, creo cuanto mas prospero y rico sea el mundo habrá mas spleenes. ¿¿Te has parado a pensar si las gentes que viste en la India eras de seres que padecian de spleen??. No Esteher, seguramente tenían muchos motivos para estar tristes, pero no para tener spleen. La melancolía tiene un poco de autocomplacencia en la tristeza innecesaria. Es casi vanidosa a veces. ¿no crees?
Sería lugar de otra entrada de blog el tema de porqué la tristeza ha vendido mas que la alegría ( espero que recojas este guante “bloggistico”). ¿Porque el drama es mas digno que la comedia? ¿ porque la muerta ha generado mas inspiración que la vida?.
No digo que haya que tapar o esconder el “spleen”, pero tampoco creo que haya que regarlo mucho porque como las malas hiervas, crece sin ayuda y en cualquier rincón. Creo que es mejor cultiva y mimar la alegria y la “Joie de Vivre “ que es una flor mas delicada y que necesita de mas cuidados, pero con un aroma mucho mas penetrante.
Lástima que no pueda llamarte por tu nombre. He de reconocerte la razón (y recoger tu guante) en mucho de lo que escribes, pero déjame decirte que esta postura vitalista no está reñida con el reconocimiento de esa parte nuestra no tan bonita. Muy al contrario, los cuidados a la alegría darán mayores frutos si parten de la realidad de nuestras miserias. Dime que nunca te has muerto de risa con un amigo mientras le contabas tú última y nada graciosa metedura de pata. Puede que el esplín sea frívolo, pero, ¿qué mejor que frivolizarlo?
Vuelves a escribir y vuelves a hacer que te lea mínimo dos veces para entender algo y creeme no es facil que yo lea una cosa dos veces jaja
No obstante me gusta tu publicación y la entiendo (por fin) pero hay que intentar que el “spleen” que dices a ti ni "plin"
Te quiero niña
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