RESEÑA PARA LA EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA DE ELISA CASTAÑO SENRA
Levanté la cámara (...) y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial.
"Las babas del diablo" (Julio Cortazar)
Elisa Castaño Senra es culpable de desnudar lo que ve y vestirlo con el traje inquietante de lo bello. Pare imágenes desmenuzando encuadres, fijando el objetivo, con manos serenas para hacer su magia. Sus fotografías son tiempo congelado que se funde al calor de los ojos ajenos. Resulta fascinante observar como se prolongan sus manos a través de una cámara; es exigente, busca la luz, y nos entrega las historias que nos rodean en este lugar y que nos cuentan a cada uno de nosotros lo que su oreja escuche. A cada uno lo suyo, el libre albedrío de la imaginación, retándola, abstrayéndola, cuestionándola.
Miren a su alrededor, mujeres descabezadas y piernas bailantes. Aguas movedizas, vestidos rojos y faldas destartaladas. Cuerpos... cuerpos sin cabeza que siguen vivos o calientes, texturas inquietantes, contrastes inesperados. Elisa Castaño Senra cristaliza el agua para que veamos su verdadero brillo. Ella nos promete ninfas y deja su testimonio. Doncellas de la campiña, el bosque y las aguas. Náyades, Melíades y Oréades, esposas de héroes y semidioses, amantes de Pan y de sátiros. Hijas de Zeus que se enamoraron de un adolescente mortal y lo raptaron para compartir su cama con él.
Gracias Elisa, por hacernos ver a través de tus ojos la belleza que se nos escapa, por presentarnos la realidad paralela en la que vivimos. Gracias a ésta madrigaleña de pro que consigue robarnos los ojos para que sólo la miremos a ella.
"Las babas del diablo" (Julio Cortazar)
Elisa Castaño Senra es culpable de desnudar lo que ve y vestirlo con el traje inquietante de lo bello. Pare imágenes desmenuzando encuadres, fijando el objetivo, con manos serenas para hacer su magia. Sus fotografías son tiempo congelado que se funde al calor de los ojos ajenos. Resulta fascinante observar como se prolongan sus manos a través de una cámara; es exigente, busca la luz, y nos entrega las historias que nos rodean en este lugar y que nos cuentan a cada uno de nosotros lo que su oreja escuche. A cada uno lo suyo, el libre albedrío de la imaginación, retándola, abstrayéndola, cuestionándola.
Miren a su alrededor, mujeres descabezadas y piernas bailantes. Aguas movedizas, vestidos rojos y faldas destartaladas. Cuerpos... cuerpos sin cabeza que siguen vivos o calientes, texturas inquietantes, contrastes inesperados. Elisa Castaño Senra cristaliza el agua para que veamos su verdadero brillo. Ella nos promete ninfas y deja su testimonio. Doncellas de la campiña, el bosque y las aguas. Náyades, Melíades y Oréades, esposas de héroes y semidioses, amantes de Pan y de sátiros. Hijas de Zeus que se enamoraron de un adolescente mortal y lo raptaron para compartir su cama con él.
Gracias Elisa, por hacernos ver a través de tus ojos la belleza que se nos escapa, por presentarnos la realidad paralela en la que vivimos. Gracias a ésta madrigaleña de pro que consigue robarnos los ojos para que sólo la miremos a ella.


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